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Jesús Vázquez: "Algunas ganas de matar a alguien he tenido"

El 'omnipresentador' lleva 25 años en la tele y en tres meses cumplirá 50. Así que toca examen de conciencia. "Tengo mi lado oscuro", confiesa.

Fuente: elperiodico.com

leaves Cae bien en cuanto dice “hola”. Como si llevara un desodorante de anuncio de esos de atracción instantánea. Desprende cercanía hasta por teléfono. Amable, diplomático, espontáneo. En-can-ta-dor. Parece imposible enfadarse con él. “Decídselo a mi marido”, se ríe.

Jesús Vázquez (Ferrol, 1965) es el hombre que desean todas las madres como yerno. Incluso las homófobas. (Algún niño le ha dado el recado de su tía de que quería casarse con él). Es como el vecino del 5º. Lleva 25 años saliendo y entrando en el salón de casa. Los años, dice, le han dado “mucha perspectiva”, y “cierta serenidad”. En tres meses cumplirá 50 años. La mitad se los ha pasado en la tele. “Empiezas a relativizarlo todo, a no preocuparte incluso por cómo va a ir tu carrera”, asegura. “¿Cómo va a ir? No sé, pero ya tengo 25 años hechos”.

En los platós también ha tenido de todo: animales, famosos, niños, a Pocholo. Le llaman “omnipresentador”. Es el hombre-orquesta de Mediaset: reflota cualquier programa que le echen. El pasado día 24 presentó la final de 'La Voz'. Por delante le queda 'La Voz Kids' y la segunda temporada de 'Pequeños gigantes'. Nadie diría que sufre al verse en la tele. “Yo sufro mucho viéndome en los programas”, confiesa. Es autocrítico. “Muchísimo. Siempre estoy pensando que todo se puede hacer mejor”.

Toda su vida podría resumirse en una portada: apareció como un Jesucristo en la revista 'Zero'. Jesús Vázquez también ha sufrido un calvario y ha resucitado. Empezando por el colegio: era un niño gordo, con gafas de culo de vaso y pluma. Un niño gay en un colegio de curas.

Lo más suave que le decían en el colegio era “vaca gallega”.

Sí, eso es de lo más suave, de verdad. De “vaca gallega” a “maricón” y, de ahí para arriba, me llamaban de todo.

¿Cómo se supera el trauma?

En mi caso, luego me ayudó la vida. La vida me dio mucha caña de niño y adolescente, por lo que me tocó vivir como niño gay, pero luego me empezó a compensar.

Pegó el estirón, se quitó las gafas de culo de vaso y la pluma.

Exacto.

Lo de la pluma, por obligación.

Exacto. Me la quité para sobrevivir, porque veía que con la pluma iba a ser todo mucho más difícil. Y aprendí a esconderla.

Y se convirtió en el líder del colegio.

Cuando tenía 17 años, en COU, que fue cuando pegué el estirón. Pues sí: pasé de ser el objeto de las burlas… pero no a líder. No tengo esa vocación.

¿Se vengó?

No. No, no, no. No. Esa es otra lección que aprendí a tiempo y me ha venido de maravilla: intentar apartar el rencor, los deseos de venganza, la envidia y todo ese tipo de sentimientos. No sirven para nada.

Algún puñetazo en la pared habrá dado.

Sí, algún puñetazo y algunas ganas de matar a alguien he tenido. Mire [ríe], soy muy fan de 'La guerra de las galaxias'. Una vez escuché a [Carrie Fisher], la princesa Leia, una actriz maravillosa que tras ese éxito tuvo una bajada enorme profesional... Le escuché decir en una entrevista que tener esos sentimientos, envidia y rencor, es como tomarte tú el veneno y esperar a que se muera el otro. Y dije: “Coño, qué lista es esta mujer. Por eso es la princesa Leia” [ríe].

Usted da el pego Jedi. ¿Tiene lado oscuro?

Todos tenemos un lado oscuro contra el que luchamos durante toda nuestra vida. Es de lo que estábamos hablando: ese veneno del que nos alimentamos a veces y nos hace daño a nosotros. Pero a veces es inevitable entrar en esa espiral, porque, a ver, no somos perfectos, ni santos, ni ángeles.

¿Ahora siente rencor o tiene las cuentas saldadas?

No. Hace mucho que saldé mis cuentas. No sé dónde estarán ni cómo les habrá ido a todos aquellos que me pusieron complicada la infancia y la adolescencia. Pero como a mí no me ha ido nada mal, dejé atrás aquella historia. Y vivo feliz. [Se lo piensa]. Bueno, feliz, a ver [se ríe], tampoco se crea que vivo en Disneylandia. La felicidad es como una ola: te subes a ella y dura lo que dura una ola. Pasa y te quedas atrás con la tabla esperando la siguiente.

¿Y en qué parte de la ola está?

Para algunos en la cresta, peeerooo uno siempre cree que la mejor ola está por venir. No me quejo de cómo he llegado a esta edad tan… tan increíble.

Cumple 50 este año.

50 ya, pero ya. Me quedan meses [el 9 de septiembre].

¿Hay rastro de crisis?

Pues no tanta como otras décadas.

Con la crisis de los 40, se casó y ganó un Ondas.

Pero lo pasé mal. En lo personal, me costó mucho asumir que, en el mejor de los casos, estaba a mitad de camino.

¿Completará el pack árbol + libro + hijo?

En ese sentido, tengo todas mis ambiciones más que satisfechas. Hace mucho tiempo que lo que esperaba conseguir, tener o vivir lo superé.

¿Sí?

Sí. Todo lo que me viene ahora es ya un regalo. Tengo salud, dinero y amor, como la canción. Además, he tenido la suerte de vivir una vida muy intensa.

¿Es un hombre intenso?

No. Soy un tipo normal al que le ha tocado vivir una vida bastante intensa. Porque la vida de alguien que salta a la fama de la noche a la mañana... Cambia todo.

¿Le siguen gustando las montañas rusas?

Mu-chí-si-mo.

La adrenalina.

Me gusta muchísimo la adrenalina. Yo creo que estoy enganchado a la adrenalina. Dicen que es la droga natural más potente que hay. Me encanta sentir esa cosa que se te acelera el corazón y se te pone en el cuello y… y casi, casi no puedes ni hablar.

Así se ahorra las drogas.

Claro [se ríe]. Sobre todo porque a los 50 hay que empezar a cuidarse. He tenido una juventud muy loca en la que lo he probado casi todo. Tenía 15 años en el año 80, imagínese. Y recién llegado a Madrid.

Uf.

Experimenté con todo lo que se experimentaba en aquella época. Lo probé todo. Bueno, a ver, todo… Pero, vamos, que probé unas cuantas cosas. Así que a los 50 es mejor que te dé el subidón de adrenalina o tomar un par de cañas [se ríe].

A su lado oscuro hay que sumar otro gore. Solía tener una tarántula de mascota. “Tengo un lado muy gore”, confiesa. Ahora sigue siendo gore, pero con perro. “Una bulldog ma-ra-vi-llo-sa, que es como mi hija”. Apunte para Trivial: le obsesiona la puntualidad. “Mi marido dice que tengo puntualidad negativa. Si quedamos a las 9, a menos cuarto ya quiero estar”.

Lo incluyeron en la lista de 50 gais más influyentes de España. ¿Quién le influye a usted?

¿A mí? Me influye mucho mi marido, muchísimo, porque es la persona con la que comparto 24/7, que dirían los sudamericanos. 24 horas, 7 días a la semana. Trabajamos juntos, vivimos juntos. [Su marido, el ingeniero Roberto Cortés, es también su representante].

Llevan 14 años juntos.

14 años llevamos.

¿Cómo lo consiguen?

Nos parecemos mucho. Eso hace muy fácil la convivencia. Tenemos muchos amigos comunes, nos divertimos mucho, nos respetamos mucho y nos damos espacio. Eso es imprescindible para poder mantener una relación de larga duración.

¿Alguna locura por amor, aparte de pedirle matrimonio ante un par de millones de espectadores?

[Se ríe] Esa fue bastante grande. [Se declaró en 'Las cerezas', de Julia Otero]. Hacemos muchas locuras de darnos sorpresas mutuamente. O nos organizamos viajes. De repente, llego, y le digo: “Prepárate una maleta con ropa de verano”. Y nos vamos.

Ahora le van a querer alquilar como marido.

[Se ríe] También tengo mi lado oscuro, como decía antes, y mis ratos malos. La tele es muy estresante. Y la consecuencia de la tele, que es la fama, es todavía más estresante. Es la parte que llevo menos bien. La acepto, vivo con ella y estoy agradecido, pero me genera mucho estrés y ansiedad, condiciona nuestros planes de vida. Y todo eso me pasa una factura: a veces, en casa parezco un demonio.

Escribió en Twitter: “Creo en este amor que detuvo mi caída libre”.

Es una canción de un grupo que se llama Reik. A veces saltan canciones que... Supongo que le pasa a todo el mundo: uno tiene la sensación de que le han leído la mente porque han rebuscado en su alma.

¿Por qué estaba en caída libre?

Cuando conocí a Roberto, estaba en una época en la que profesionalmente las cosas me iban bien, pero estaba muy solo. Había perdido hacía unos años a mi anterior pareja.

Con quien vivió en Londres.

Sí, en Londres. Viví una época allí y tenía un novio que murió de un cáncer linfático. Fue una etapa muy dura que yo pensé que estaba superando. También murió mi madre.

De cáncer también.

Sí, del hígado. Pensé que lo estaba superando y me refugiaba en trabajar, en salir, en tener muchas relaciones esporádicas. Creía que con eso estaba resolviendo mi vida. Y, en realidad, “iba volando sobre el mar con las alas rotas”, dice una canción de Maná. En ese momento apareció él. Y, de repente, se detuvo esa caída libre con aspecto de éxito. En lo personal, estaba entrando en una especie de...

¿Espiral?

Sí, hacia abajo. Salía mucho, bebía, ligaba y luego me dejaba una sensación de vacío enorme.

¿Llegó a tocar fondo?

Toqué fondo antes, en esa otra época en la que perdí a gente querida. Ahí sí que toqué fondo. No, se supone que me había repuesto y que volvía a volar, pero no estaba bien. Apareció él y es verdad que las cosas se empezaron a poner en su sitio y recuperé la paz interior. Y volví a despegar.

Salió del armario en la revista ‘Zero’ como un Jesucristo. Usted también ha sufrido un calvario.

Sí. Es que ahí nos tenemos que retrotraer casi, casi a finales de los 90, cuando toda aquella historia tan lamentable que se produjo en Sevilla [el 'caso Arny']. Se nos intentó involucrar en un supuesto caso de chicos, de un bar... Yo ni siquiera había estado en aquel bar. Fue una vergüenza judicial. Fue todo una cosa muy sórdida, llena de mentiras.

Estuvo un año “secuestrado”, decía.

Estuve casi dos años secuestrado por la justicia, obligado a acudir a juicios sin saber de qué me hablaban.

Y el nombre queda manchado.

Al final, esa historia tan lamentable se dio la vuelta y la opinión pública se dio cuenta del intento horrible de linchamiento que se hizo contra unos ciudadanos inocentes, que no tenían nada que ver con nada de lo que se había dicho. Ni había corrupción, ni había prostitución. Era, por desgracia, una realidad muy cotidiana: bares a los que acuden chaperos.

¿Cómo sobrevivió?

Sobreviví, entre otras cosas, gracias a mi amigo Jorge Cadaval [Los Morancos] y a su familia. El pobre, siendo tan inocente como yo, y así queda en la sentencia, también sufrió el mismo calvario. Pero como era su ciudad y vivía allí, me ayudó muchísimo.

A usted se le juntó todo.

Fue un cúmulo de cosas. Ahí sí que toqué fondo. Y la tele, una vez más, es a lo que me agarré como a una tabla de salvación. Hizo que empezara a salir a flote: que por unas horas que estaba grabando me olvidara de todo ese dolor acumulado, y me ayudara a recuperar la confianza en mí mismo, el cariño de la gente, el éxito profesional de nuevo, volver a ganar dinero, que lo había perdido todo. Por eso la tele está tan unida a mí. Porque me ha salvado la vida.

Lleva una mochila grande.

Intento aligerármela. Intento que lleve las menos piedras posibles, porque hay que caminar y caminar y levantarse y caerse. Y cuanto menos peso lleves en la espalda, más fácil te levantas.

¿Qué lleva ahora en la mochila?

Intento llevar lo único que te aligera el camino: gente que te quiere y que no te da problemas, amor y cuatro amigos, porque más no te caben tampoco.

¿Cuatro amigos?

Sí. Y casi le digo que me sobran más dedos de la mano. Amigos-amigos del alma yo creo que tengo tres. Es que es materialmente imposible repartir una amistad del alma con más gente. Creo.

¿Borraría algo de su vida con típex?

Otra lección que he aprendido: hay que asumir todo lo que uno ha hecho en la vida, incluidas las meteduras de pata, los errores, las estupideces. Porque se aprende de todo. Se aprende más de los errores, de hecho, que de los aciertos.

¿No se arrepiente de nada?

No. Es que no me parece buena política. Porque es más fácil para mí asumir los errores que arrepentirme.

¿Sí?

Todo el rato hay que tomar decisiones. Es una de las faenas de la vida: todo el rato hay que tomar decisiones y en cada decisión que tomas estás perdiendo. Ganas lo que decides, pero pierdes lo que no decides. Y te equivocas muchas veces. Lo que hay que aprender es: ¿por qué me equivoqué? A ver si la próxima vez elijo bien.

¿Qué es lo primero que hará al jubilarse?

[Resopla]. El día que me jubile, a los 60, a los 70, o a los 80, buscaré con mi marido un campo bonito, porque me gusta mucho el campo, me da mucha paz, y ahí, a tener unas gallinitas, a tener animales, a dar largos paseos. Tampoco nada muy exótico.

UN PRESENTADOR DJ

Hay que entrar en su casa por el garaje para descubrir la cara B de Jesús Vázquez. Es donde tiene su sala para pinchar discos. “Ahora la tengo un poco abandonada, porque estoy enganchado a Spotify”, explica. Ahora en vez de mezclar canciones, hace listas. “Me divierte mucho. Me paso horas en el ordenador buscando música, porque me apasiona la música”, confiesa. Acumula más de 40 listas. Desde versiones acústicas hasta villancicos: ye-ye, hip hop, musicales, 'lounge', chill, incluso arias. “Tengo de todo”, vende a modo de mercadillo. Se le puede encontrar como Jesús Vázquez M. “Me lo curro mucho”, promete. Bajo estas líneas, una docena de canciones de su lista más popular: acústicos especiales.

'I’m not in love' Diana Krall Wallflower
'You are not alone' Rabih Jaber Idol Box
'I’m so excited' Cynthia Queenton Intimity
'Have you ever' Westlife Back home
'Firestone' Kygo Firestone
'Halo' Lotte Kestner The bluebird of happiness
'Waves' Beth The covers Collection 4
'Diamonds' Josef Salvat In your prime - EP
'Get lucky' The demo tapes 2013 acoustic hits
'Swim good' Sarah Winters Find restless cover
'Stay with me' Jasmine Thompson Take cover
'Say something' Joe Brooks Say something

zialdoka

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